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Cronicando. De París a Sucre, por la cultura.
Entrevistado: Teresa Lema
Abril, 2006.

http://www.elearningamericalatina.com/edicion/junio1_2004/tr_1.php

 

Cuando el cronista la observa, se imagina que ella vivía en Rue du Commandant Mouchotte, en las cercanías de la estación Montparnasse. Se imagina que sobre la mesa de trabajo de la entonces estudiante de literatura, hay obras de Virginia Woolf, Joyce, Proust, Faulkner. Que cuando se cansa de leer se acerca a una ventana grande que deja ver el cielo tormentoso de París. El cronista, cuando estuvo en París, esperó recibir una invitación para quedarse a vivir en la Ciudad Luz, pero no, lo invitaron a trabajar en La Habana, en México y en Buenos Aires, pero en París, no.

El cronista se encuentra junto a su entrevistada cerca de un jardín, solitario y recoleto, está en el jardín de la Universidad Andina "Simón Bolívar". No se aprecia el ruido exterior, como si fuera el claustro de un convento. En las proximidades hay plantas diversas y le parece al cronista que, invisible entre las ramas de un árbol, un zorzal canta con entusiasmada esperanza. El sol arrecia en su máxima intensidad. Cada algún tiempo escucha las campanadas de la Catedral.

Teresa Lema a pesar de ser una intelectual y formadora de escritores es muy modesta y aparenta timidez. Uno puede pensar, oyéndola, que no pesan en su espíritu su formación profesional en París, su gran cultura, además de sus viajes por varios países del mundo.
Empieza la entrevista, pero luego, cuando acaba, la transcribe de un solo tirón, sin las preguntas acostumbradas, sólo con subtítulos, al final se da cuenta de que le sobra mucho material que se queda sólo para él. Para el resto, para los lectores, he aquí la transcripción:

SUS ORÍGENES
"Nací aquí, en Sucre, soy chuquisaqueña, hija de Vicente Lema Pizarroso, que fue un educador, un maestro que dedicó su vida entera a la educación, y de Esperanza Garret Aillón, que es, también, maestra de formación. Ellos tuvieron cuatro hijos, soy la segunda. Luego mi familia se trasladó a La Paz, cuando yo tenía tres años. Mi padre trabajó en La Paz unos cuatro o cinco años, como profesor, también fue director del colegio San Andrews y recibió una oferta de trabajo con la OEA para participar en un proyecto muy lindo de una Escuela Normal Interamericana Rural en Venezuela, así es que cuando yo tenía siete años nos fuimos a vivir a Venezuela, donde nos quedamos unos dos años. Luego fue la UNESCO la que le invitó, esta vez, a mi papá a ir a otro proyecto en Colombia, a un Instituto también de formación de maestros, en Pamplona y ya trabajando con la UNESCO le llegó pronto una invitación para trabajar en la sede de la UNESCO en París.

Así es que nos fuimos a Francia, teóricamente por dos años, y en realidad mi padre se quedó por veintitrés años trabajando en la UNESCO, en París. Yo tenía diez años. Entonces, como para todo niño, el aprender un idioma no fue nada difícil y yo pude integrarme perfectamente a la escuela pública francesa, aprendimos en cuestión de seis meses perfectamente el idioma, luego, cuando me tocó la secundaria, mis padres vieron por conveniente ponerme en un colegio privado, religioso, como buena chuquisaqueña a mi mamá le importaba mucho ese aspecto y se lo agradezco, porque fue una formación muy esmerada la que tuve y me quedé en ese colegio hasta el bachillerato.

En Francia me tocaba la Universidad y yo siempre era buena alumna y buena lectora así es que opté por estudiar licenciatura en Letras Modernas y me especialicé en teoría literaria y sobre todo en análisis de textos, tanto narrativos como poéticos.

EL RETORNO
En realidad fue un compromiso conmigo misma, desde mi adolescencia no entendía por qué tenía que vivir lejos de mi patria. Muchas veces discutía incluso con mi padre y le reprochaba el obligarnos a vivir lejos de Bolivia, porque mis hermanos y yo añorábamos nuestra patria y, por supuesto, la visión de mi padre iba mucho más allá. Él trabajaba en la UNESCO, se encargaba de educación inicial y primaria para Asia, África y América del Sur y su misión era mucho más amplia de lo que él hubiera podido hacer en Bolivia y, por otro lado, como él siempre dijo, él nunca nos iba a legar una gran fortuna, pero nos iba a legar nuestra formación, nuestra educación y mientras ésta sea de mayor nivel, él iba a quedar más satisfecho y nosotros también , obviamente, así es que él tenía sus razones para no hacernos volver a Bolivia. Pero entonces yo hice un trato con él. Yo le dije: ‘está muy bien, acepto tus razones, pero, una vez que tenga mi título yo quiero volver a trabajar a Bolivia’ y fue así. Volví a Bolivia cuando tenía veintitrés años.

LOS TRABAJOS
Hice algo de investigación. Trabajé, por ejemplo, con Julia Elena Fortún, también con Beatriz Rossell, en el Museo Antropológico de La Paz. Trabajé en la Embajada de Francia, redactaba un boletín mensual y hacía trabajos de traducción. Cuando vivía en Cochabamba dirigí, durante dos años, el Centro de Documentación de literatura infantil de lo que era entonces el Centro Portales y que ahora es el Centro Patiño. En Sucre, fuera de la Universidad, trabajé en prensa, me encargué, a sus inicios, de la página cultural de Prensa Libre, durante unos dos años y luego, instalada en Sucre de nuevo, hace unos dieciséis años, ingresé a la Universidad Andina y desde entonces me desempeño acá.

DE PARÍS A SUCRE
Cuando volvía de Francia a Bolivia, primero vine a Sucre. Estuve con mi abuelita, la señora Candelaria Garret, que era y sigue siendo un ejemplo absoluto de una mujer que ha sabido llevar su vida adelante en las circunstancia más adversas. Ella ha criado a cinco hijos, solita, porque quedó viuda a los treinta y tres años, con cinco hijos, sin oficio, y bueno, me gustó mucho poder pasar unos meses con ella, viviendo acá en Sucre. Busqué trabajo, pude dar unas clases en la Universidad de San Francisco Xavier, pero la juventud es ambiciosa y yo quería más, entonces, cuando tuve la oportunidad de viajar a La Paz, de buscar trabajo allá, lo hice, y me fue muy bien, pude ingresar también a la universidad de San Andrés. Estando en La Paz me casé. Tuve dos hijas hermosas: Naira y Mara y viví con mi esposo allá hasta 1980. En ese año -mi esposo era argentino, era un hombre dedicado a la educación popular, a la educación por radio, un convencido de que había que empezar por la educación para que Bolivia pueda desarrollarse y tuvo no pocos adversarios y en ese momento- juzgamos que era más prudente, para él y para la familia, salir de Bolivia. Estuvimos tres años en Ecuador y volvimos en 1983. De ahí nos fuimos a vivir a Cochabamba, por razones de trabajo, él trabajó en el Servicio Nacional de Alfabetización que tenía una sede en Cochabamba y empezamos a tener una vida muy a la boliviana, muy linda. En 1988 falleció mi padre, aquí en Sucre. Mis hijas estaban un poquito mayores. Lamentablemente, me tuve que separar de mi esposo y me veía sola, teniendo que acabar de criar a mis dos hijas y me pareció que venir a Sucre, donde podía, por un lado, acompañar a mi madre, que había quedado viuda y sola y volver a mi origen y a una ciudad donde la vida para los niños es mucho más segura, mucho más apacible, armoniosa, que en cualquier otra ciudad de Bolivia. Entré a la Universidad Andina en 1990.

FORMADORA DE NUEVOS ESCRITORES
Para mí era un placer, antes que una obligación, prestar apoyo a quienes deseaban publicar libros. Si necesitaban una persona que pueda leer su libro, valorarlo, decir algo sobre él y presentarlo, pues, yo estaba siempre lista. Luego he trabajado un año en el Museo de los Niños Tanga-Tanga. Siempre he estado involucrada con la cultura. Hace quince años que formo parte del Club del Libro Jaime Mendoza.

Quizá la experiencia más rica que he tenido ha sido la de conocer a Jorge Suárez, para mí don Jorge es una persona admirable, como poeta, como narrador, como periodista, como maestro, como amigo. He aprendido muchísimo con él, porque es una persona que tenía un desprendimiento absoluto, no era celoso de sus conocimientos, era capaz de compartir todo y tenía, además, una chispa, una memoria literaria impresionante y cuando él vino a trabajar a la Universidad Andina, en conversaciones que teníamos largamente entre los dos decíamos, por qué no crear un área de literatura en Sucre y de ahí nació, primero un curso abierto de literatura boliviana contemporánea, luego el Taller de Narrativa, que él quiso hacer como una réplica del Cuento Nuevo que realizó en Santa Cruz y me mostró el camino, cuando el desapareció yo me sentí obligada a continuar un poco la ruta que él había iniciado.

SU FAMILIA
Mi familia actual la constituye un delicioso grupo de cuatro nietos, tres de ellos son trillizos, tienen cuatro años, son hijos de mi hija mayor Naira y de mi yerno Guillermo y un pequeño, Sebastian, hijo de mi hija menor Marita y de Lucio. Son cuatro niños que llenan totalmente mi vida de alegría, de luz. El ser abuela es algo indescriptible, porque el ser mamá conlleva tanta responsabilidad, tanta angustia por el bienestar de los niños y el ser abuela, en cambio, es solo dar y recibir cariño. Entonces, para mí eso es fundamentalmente. Mis dos hijas son pedagogas, ambas, ellas se dedican, en este momento, a la educación de niños pequeñitos, tienen una guardería para niños de meses hasta los cuatro años. Vivo con mi madre, tengo la bendición de tenerla a mi lado, es mi apoyo y también la tengo que cuidar".

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